MasterMind Latino

3 Días de conferencias, 10 presidentes corporativos, premiación MasterMind Latino 2019, plazas limitadas

Mario Hernández Zambrano

Nací en el año de 1941 en Capitanejo, Santander.
Mis recuerdos de esa época están marcados, por la dureza de la violencia por lo cual tuvimos, que salir y trasladarnos a la fría Bogotá de entonces.

A la edad de 14 años empecé a trabajar porque mi padre había muerto. Desde ese momento se despertó un fuerte interés por crear una empresa exitosa, inicialmente me desempeñé como mensajero, vendedor, fui representante de ventas y logré terminar el bachillerato en jornada nocturna. Con el tiempo le di vida a mi sueño desde el escenario de una oficina de finca raíz que mantuve durante 12 años. Tuve la oportunidad de experimentar con diferentes tipos de negocio, creé un café concierto, una panadería («La tienda de la esquina») y una venta de calzado femenino, un espacio tipo boutique que tuvo mucha acogida, pero no llenaba mis expectativas.

En su momento estas actividades fueron mi mejor fuente de ingreso, pero no era lo que yo quería tener. Seguido a esto ingreso por casualidad al mundo de la marroquinería, un vecino fabricaba chaquetas de cuero y a mi se me ocurrió que podía llevarlas a mi boutique y venderlas.

Mi vecino era dueño de una tienda especializada en prendas y accesorios de cuero ubicada en la avenida 19 que llevaba el nombre de Govies; su negocio iba bien, pero por problemas de salud tuvo que vender su marca, me ofreció la oportunidad de quedarme con el negocio aún sabiendo que en ese momento yo no tenía con qué pagarle, la recibí fiada y la pagué en 6 meses y la llamé «Cuerolandia». Dos años después ya tenía 8 tiendas, pero yo aún no estaba tranquilo, diariamente me inquietaba la idea de qué hacer para marcar la diferencia con mis productos.

Seguí creciendo en el mercado de la marroquinería. En 1978 compré el 40% de una fábrica que funcionaba en Cali bajo el nombre de Marroquinera LTDA con la condición que la empresa fuera trasladada a Bogotá. Para ese entonces estaba en quiebra, solo contaba con 10 máquinas y 10 empleados, empezamos a operar y a los tres años la fábrica volvió a quebrar por lo cual yo compré el total de la participación de un negocio que parecía no ser rentable. A partir de ese momento me dediqué por completo a esta empresa abandonando la oficina de finca raíz y todo lo que pudiera distraerme en la búsqueda de mi sueño.

Después de varios estudios llegué a la conclusión que los productos que yo quería no existían, así que empecé a conseguir materiales de primera y mano de obra calificada porque mi objetivo era distinguirme por la calidad y originalidad de mis productos.

Desde ese momento inicié una carrera de nunca acabar logrando mi meta de calidad y buen gusto. Empecé a fabricar productos para Christian Dior posteriormente me uní a unos socios en Cali y junto a ellos obtuve la licencia de Bally para su línea de calzado por 10 años y en marroquinera la licencia de accesorios para esa misma marca.

Desde que me inicié en el mundo de los cueros empece a viajar, a participar en ferias internacionales para especializarme en el tema, así ingresé a la Asociación Colombiana de Industriales del Cuero (Asocueros), donde estuve durante 20 años ocupando el cargo de presidente durante 16 años. En el año de 1994 como proceso de formación participé en el curso de Alta Gerencia dictado por INALDE.

La compañía empezó a crecer, mis productos gozaban de prestigio, siguiendo mis deseos de diferenciarme y con los conocimientos adquiridos tomé la decisión de competir con las grandes marcas de lujo, así abrí una tienda en Estados Unidos, no era competente, yo no estaba preparado para entrar en un medio con culturas diferentes, mi boutique estaba ubicada en la 3ª avenida, solo vendíamos prendas y accesorios en color café y negro, el nombre que usábamos era «Marroquinera» muy difícil de pronunciar y no creaba recordación. Esto para mí fue una gran forma de aprendizaje, empecé a buscar la forma de mejorar, hablé con expertos en la materia y Vierkas, empresa española se encargó de hacer un minucioso análisis donde se llegó a la conclusión que si mi interés era competir con el mundo, ofrecer moda y calidad tenía que cambiar el nombre de Marroquinera. Ellos me sugirieron que lo mejor era respaldar mis productos brindando la confianza que solo puede dar el creador y es así como nace la marca MARIO HERNANDEZ lo cual me llevó a darle un vuelco total a todo lo que yo tenía hasta ese día.

«Aunque esta es mi realidad, aún no dejo de soñar porque tras un triunfo nace un nuevo reto. En la actualidad trabajo fuertemente con mi equipo para lograr que Mario Hernández sea la marca de prestigio número 1 en Latinoamérica. Llevar más de 40 años de trayectoria, tener 60 tiendas a nivel mundial y estar radicado en más de 6 países me hace querer llegar más lejos.»